A cada planta su abono


En los últimos años han aparecido en el mercado abonos específicos para plantas de flor, plantas verdes, plantas de interior, huerta y jardín, incluso para estanques, pero también para especies concretas, adaptados a sus demandas y que potencian su floración y buen desarrollo. Están enriquecidos con microelementos y se presentan en formato líquido (muchos llevan tapón dosificador), granulado y soluble.

A cada planta su abono

Una planta bien ‘alimentada’ es una planta sana, que crece y resiste mejor las plagas y enfermedades. Para nutrirlas existen hoy cada vez más productos específicos para determinadas especies, además de los abonos orgánicos y minerales de siempre.

En el sustrato en el que se hallan las plantas, los nutrientes terminan por agotarse, por ello hay que restituirlos mediante nuevos aportes. Los alimentos básicos de las plantas son tres: nitrógeno (N), fósforo (P) y potasio (K), cuyas iniciales verás junto a tres números que indican su porcentaje en los fertilizantes.

  • El nitrógeno. Es el nutriente del verdor y el crecimiento vegetal, imprescindible en las primeras etapas del ejemplar o cuando está brotando en primavera; contribuye al desarrollo de hojas y raíces.

Su carencia se revela en forma de falta de vigor, escaso follaje y hojas amarillentas; su exceso potencia un crecimiento exagerado y a la postre una planta débil.

  • El fósforo. Es el nutriente del vigor y de la floración. Hace a las plantas más robustas y resistentes a las enfermedades y condiciones adversas. Es especialmente importante para los árboles y arbustos que crecen al aire libre. Favorece el desarrollo del sistema radicular y potencia la aparición de las flores, los colores intensos y el aroma. Su carencia se manifiesta en hojas con los bordes secos, pocas flores y frutos, atrofia y raquitismo.
  • El potasio. Activa la fotosíntesis y da solidez a los tejidos. Aumenta la resistencia de las plantas a las heladas y a las enfermedades criptogámicas. Cuando falta, el crecimiento se enlentece y el borde de las hojas adquiere un color amarillento y pardo-rojizo.

 

A estos tres principales se suman otros nutrientes necesarios en pequeñas dosis, como el magnesio (forma parte de la clorofila y da un color verde intenso), hierro (interviene en la fotosíntesis y la respiración, esencial para la formación de la clorofila), azufre (corrige los suelos calizos, e interviene en procesos fisiológicos de la planta), zinc, calcio, cobre, boro, etcétera.

Los abonos orgánicos

Según su origen, existen abonos orgánicos y abonos químicos. Los primeros se obtienen de desechos vegetales o son de procedencia animal y ayudan a mejorar la estructura del suelo, ya que deben aplicarse mezclados con la tierra.

Son ideales para un abonado a fondo a comienzos de la primavera, y de cobertera varias veces durante la etapa de crecimiento.

Mantillo, compost, estiércol, guano y humus de lombriz son abonos orgánicos. Son en general de acción lenta, ya que deben transformarse previamente para que la planta los absorba. Siempre hay que regar después de abonar.

Existen también abonos orgánicos líquidos, de rápida absorción, que se aplican directamente en la tierra de las plantas disueltos en agua en un porcentaje que hay que cumplir a rajatabla, caso contrario podrían sufrir quemaduras.

Los abonos químicos

No contribuyen a mejorar la estructura del suelo pero actúan con rapidez y resultan muy ricos en nutrientes. Consisten en uno o varios elementos mezclados según el efecto que se quiera obtener. Su presentación es muy importante:

  • Abonos químicos líquidos.

Son los de acción más rápida, y también los que antes se absorben, con lo cual hay que administrarlos con más frecuencia. Se aplican en una dilución en agua indicada por el fabricante (un exceso podría resultar perjudicial para la planta); últimamente se presentan incluso con dosificadores. No conviene aplicarlos en invierno ni cuando la tierra está seca.

  • Abonos de liberación lenta. 

Muchos abonos químicos se presentan granulados (se esparcen sobre la superficie de la tierra y se riega), o en forma de clavos o varillas (se hunden en la tierra y se van diluyendo con el riego durante unos meses). Brindan los nutrientes de un modo controlado evitando concentraciones y quemaduras.

 

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