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Césped: la siembra (y2)


La mejor época para efectuar la siembra del césped es la primavera, cuando el suelo tiene una temperatura moderada y la humedad es abundante; no obstante tiene el inconveniente de la aparición de malas hierbas espontáneas que compiten con él.

Césped: la siembra

Las siembras de otoño son preferibles a las de primavera sobre todo en aquellas regiones donde haya peligro de no poder controlar el agua, aunque precisan de una preparación del suelo más esmerada.

La siembra del césped no encierra en sí ningún secreto; si ésta se hace a voleo, es aconsejable hacer varias pasadas cruzadas con objeto de que las semillas queden lo más uniformemente distribuidas.

Si se utilizan mezclas de semillas ya preparadas en el comercio, es aconsejable remover bien el contenido de los paquetes antes de sembrar, para impedir que las semillas finas se depositen en el fondo de los mismos y nos aparezcan zonas de césped distinto en la parcela.

Si la semilla se compra por separado, lo aconsejable es sembrar primero una especie y posteriormente las siguientes, siempre individualmente y dando pases cruzados con cada una de ellas.

Las dosis son variables según la utilización que se le vaya a dar a la pradera.

Si las semillas son de pequeño tamaño se utiliza menos cantidad que si son grandes.

OTRAS LABORES

Riegos:

Deben ser abundantes, siempre a primera hora de la mañana, nunca a última de la tarde excepto en verano, ya que de lo contrario la pradera estaría toda la noche mojada. En verano no debe regarse con el peso del sol, pudiendo hacerse por la mañana o tarde.

Aireación:

Esta operación consiste en pasar un rodillo de púas para mullir la tierra y facilitar la aireación y penetración de humedad. Se suele hacer dos veces al año, una en primavera y otra en otoño.

Fertilización:

Al comienzo de la primavera es necesaria la aportación de elementos nutritivos a razón de 8-10 kg. de abono complejo por cada 100 m2.

A lo largo de toda la estación templadocálida se harán varias aportaciones de abonos nitrogenados a la dosis de 4-5 kg. por 100 m2.

Recebado:

Con el transcurso de los años se presentan una serie de calvas que hacen absolutamente necesaria la regeneración de la pradera.

El recebado consiste en la aportación de una capa de mantillo mezclado con arena y turba que se suele hacer en otoño después de un corte muy bajo, resembrando a continuación las calvas que se hayan presentado.

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