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Cómo crear una alfombra verde en el jardín


Un bonito césped constituye uno de los elementos básicos en el acondicionamiento de un jardín. Su color es relajante para la vista, y su mullida hierba forma una cubierta con múltiples funciones: patio ideal para el juego de niños y espacio inigualable para el descanso.

Cómo crear una alfombra verde

Para la elección del césped es aconsejable elegir un lugar soleado, protegido contra las corrientes de aire. También crece en semisombra, pero si el lugar elegido es sombreado  se deberá escoger para ello una mezcla de semillas especial para estos lugares.

El tamaño óptimo del césped está determinado por las dimensiones del jardín y por el papel que desempeñará desde un punto de vista práctico. El aspecto del césped estará condicionado por su forma, por la mezcla de gramíneas con que esté plantado y por el cuidado con que se lleve a cabo el mantenimiento.

Un césped formal de primera calidad suele sembrarse con gramíneas finas y ornamentales, y se puede diseñar de forma simétrica o con los límites rectos. Este estilo tradicional requiere dedicarle mucho más tiempo y esfuerzo para mantenerlo, con siegas frecuentes. En cambio, un césped utilitario, más funcional que decorativo, está compuesto por una combinación de gramíneas resistentes en las que predomina el raigrás. Este tipo de césped es la elección perfecta para un jardín familiar que tenga que soportar un uso regular intenso y precise de un cuidado mínimo.

Alfombras verdes

La siembra del césped

Prepara bien el terreno para la consecución de un césped bonito y duradero. Antes de sembrar, deberás limpiar el lugar de malas hierbas, raíces y piedras, además de afianzar y nivelar el suelo.

Cava la tierra hasta unos 30 cm de profundidad, pero sin llevar la del subsuelo a la superficie. Es recomendable incorporar humus ( por ejemplo, un buen compost) de los primeros 15 cm. Es también aconsejable preparar el terreno a partir del otoño. Al comienzo de la primavera todavía se puede trabajar la tierra, ya que las heladas y las lluvias provocan la descomposición del suelo. Si éste se ha acondicionado pocos días antes de la siembra, espera unos días para que la tierra se apelmace.

El césped suele sembrarse a mediados de abril o a mediados de septiembre, según el clima del lugar. No debe realizarse la siembra en verano, a menos que se pueda regar  con regularidad.

Una vez hayas decidido la mezcla de semillas que más te conviene, debes calcular las proporciones del sembrado. En un terreno llano son suficientes de 20 a 25 g de mezcla por m2; pero hay que aumentar la cantidad en un terreno accidentado o en los límites del jardín. De cualquier modo, la proporción varía según la mezcla elegida, por lo que es recomendable seguir las indicaciones del paquete.

La siembra se realiza casi siempre a mano, a voleo. Conviene agitar bien el paquete de semillas para que los diferentes tipos se mezclen de forma homogénea; en caso contrario, las diferentes gramíneas no crecerán de modo uniforme y producirán un efecto desigual. Las semillas se han de enterrar superficialmente mediante un ligero rastrillado, seguido de una pasada de rodillo. Para que el crecimiento del césped sea regular, la húmeda del terreno deberá ser constante. Al regar las semillas es imprescindible usar una alcachofa muy fina, ya que un chorro demasiado fuerte podría desenterrarlas. El mejor momento para esta tarea es temprano por la mañana.

Unos diez días después de la siembra, las semillas habrán germinado y un velo verde cubrirá el suelo.

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