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Flores que mueren bellamente


Bajo la escarcha y la débil luz del sol invernal muchas plantas son capaces de llenar de melancólica belleza los jardines Las plumas plateadas de las ondulantes gramíneas, las cabezas llenas de semillas erguidas hacia el cielo, las corolas de algunas flores, ya apagados los colores del verano, ofrecen un singular atractivo. Una bella forma de morir que mantiene el interés del jardín.

Flores que mueren bellamente (1)

A veces basta con cambiar la mirada para apreciar belleza donde antes solo se veía naturaleza muerta. Si nos gustan las flores secas y los trigales dorados, por qué no habríamos de contar atractivo un jardín con (ciertas) vivaces y gramíneas agostadas. Hay mucho encanto en las hojas secas de las caducifolias y en algunos troncos desnudos, pero también pueden resultar muy atractivas las coloras tostadas de los Sedum y milenramas; las espigas plumosas de un miscanthus sinensis o una cortadera, o las peculiares cabezas de semillas de cardos y rudbeckias.

Cambiar de percepción tiene como premio el descubrimiento de otras formas de belleza. Pero además encierra un concepto de jardinería más apegada al ritmo natural de las plantas.

El secreto está en planificar las plantaciones para que el jardín resulte atractivo todo el año, incluso en invierno. Entre las plantas de bella muerte cumplen un papel estelar las elegantes gramíneas ornamentales, ideales para dar verticalidad, textura, movimiento (incluso sonido) y cierto grado de abstracción al jardín. Sus flores en forma de espigas y penachos plumosos se mantienen mucho tiempo en las plantas. Entre ellas destacan las espectaculares cortaderas (Cortaderia selloana y sus variedades) con sus altísimos y espesos plumeros, pero también el esparto (Stipa tenuísima y D. gigantea), de follaje denso y fino, y suave ondulación; el Miscanthus sinensis, cuyos penachos producen la luminosa sensación de un oleaje dorado, o el efecto vaporoso de la Deschampsia cespitosa y el Panicum virgatum.

Flores que mueren bellamente (1)

A las cualidades estéticas, las gramíneas suman varias ventajas: son, en general, especies rústicas, capaces de soportar los fríos extremos, la sequía y la contaminación atmosférica; su rendimiento –bastan unos poco ejemplares para cubrir mucha superficie– y sus bajas exigencias de mantenimiento_ apenas una poda al año (a finales del invierno). A ras del suelo o despejando las hojas e inflorescencias secas.

 Bonitas incluso secas

Las gramíneas ornamentales mezclan a la perfección con numerosas especies de plantas de flor. Hoy, una tendencia al alza es combinarlas con vivaces ( herbáceas perennes, la mayoría de las cuales renuevan su parte aérea cada año) y bianuales ( se desarrollan durante un año y florecen y semillan al siguiente) que dan flor en verano y otoño pero persisten durante los meses más fríos sosteniendo en lo alto sus tallos y corolas secas o sus cabezas de semillas.

En el caso de muchos ásteres, rudbeckias, sedum, milenramas, phlomis y cardos, cuyos colores mutan hacia tonalidades rojizas, cobrizas, doradas y plateadas. entre la niebla de las mañanas de invierno o bajo la escarcha, el pálido sol arranca reflejos de estos colores apagados, creando un espectáculo mágico, en el que cobran relieve las siluetas de las plantas, su estructura y las cabezas de semillas. Un jardín así es, además, todo un granero para los pájaros y un lugar de hibernación para pequeños reptiles beneficiosos y huevos y pupas de arañas e insectos útiles para mantener el control biológico de las plagas.

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