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30Jun2017

Consejos para optimizar el riego de tu huerto


El agua es esencial para el crecimiento de las plantas y de tus cultivos. Sin embargo, algunos problemas pueden estar ocasionados tanto por defecto como por el exceso de riego.

Para cuidar y mantener tu propio huerto es esencial realizar un riego adecuado. En muchas ocasiones, nuestros cultivos o plantas pueden morir por una falta de agua. Sin embargo, también se producen otra serie de problemas y enfermedades por regar en exceso.

Cuando se adquiere una planta o se cultiva, es importante informarse previamente de sus cuidados. La frecuencia de riego que precisa es fundamental para ofrecerle el agua que necesita para vivir. Para no dejar nuestro huerto demasiado sediento ni tampoco encharcarlo demasiado.

¿Cómo optimizar el riego?
Como ya hemos señalado, lo principal es tener la información sobre el agua que cada planta necesita. Del mismo modo, también tienes que considerar las condiciones ambientales de la situación de tu huerto. No es lo mismo aquellas zonas húmedas, en las que hay un elevado registro de lluvias, que las áreas más secas y áridas.
Asimismo, según la época del año, se producirán más o menos lluvias y las temperaturas serán más o menos altas.

En reglas generales, la tierra precisa de un alto grado de humedad. A veces, por falta de tiempo o de memoria, dejamos que la tierra permanezca seca demasiado tiempo. Por ello, una de las cosas que favorecen una correcta dosificación del agua es el riego por goteo. Además de un ahorro de dinero por evitar derrochar agua, también se percibe un notable ahorro de tiempo.

Es un método que permite adaptar la dosis de agua en función de las necesidades del huerto, según la temporada, el nivel de lluvias, la temperatura ambiental, etc.

En caso de riego manual, se recomienda echar el agua en la tierra, para que la planta la vaya absorbiendo, siempre procurando evitar los encharcamientos que podrían pudrir las raíces.

En algunas ocasiones, y sobre todo en temporadas de mucho calor y en plantas que están constantemente expuestas al sol, puedes percibir que sus hojas permanecen algo caídas o mustias. En esos casos, antes de regarlas, comprueba si con la puesta de sol, esas hojas recuperan un poco su postura. Si es así, no necesitaban agua, solo estaban “aplatanadas” por el sol. En cambio, si las hojas no vuelven a estar tiesas por la tarde, es que sí están pidiéndote agua. El hecho de regar más de lo necesario, puede provocar que aparezcan hongos o que se pudran las raíces.

Dosificación de riego
Antes de nada, hay que tener en cuenta las necesidades de cada cultivo para atender debidamente sus necesidades de agua.

Pero, como regla genérica, podríamos establecer que en las épocas más calurosas, es recomendable regar unos 2 o 3 veces al día, dejando para última hora de la tarde el riego más abundante. Del mismo modo, en primavera se recomienda regar 1 o 2 veces, también siendo más generosos con el agua la segunda vez, pues así se evita que las hojas se quemen con el sol.
Tanto en otoño como en invierno, puede bastar con el riego 1 vez al día, siempre dependiendo de las necesidades de cada planta y teniendo en cuenta de las condiciones climáticas de la zona. Con bajas temperaturas, se recomienda regar por las mañanas, para que el sol evite que se produzcan heladas.

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