El huerto en el jardín » Jardinería y horticultura orgánicas

Jardinería y horticultura orgánicas


En la década de los noventa se pusieron de moda los términos 'orgánico','ecológico' y 'biológico', como expresión de un rechazo hacia los productos obtenidos industrialmente y sin respetar el medio ambiente, y de una tendencia a la búsqueda de un modo de vida más natural, más sano y más respetuoso.

Jardinería y horticultura orgánicas

Durante los primeros años del siglo XX, la utilización de fertilizantes y plaguicidas sintéticos dio lugar a un cambio de valor en la agricultura; la combinación de sentido común y de buena administración que rigió durante siglos en granjas y huertas se perdió para dar paso a la era de la agricultura industrial. La utilización exclusiva de este tipo de productos fue denunciada en los años veinte en Alemania, y en los cuarenta en el Reino Unido. En las últimas décadas, los movimientos ecologistas han tenido una fuerza muy influyente, y han sido capaces de denunciar el abuso hacia el medio ambiente y las graves consecuencias que representa para el hombre, despertando en la conciencia social el interés por todo lo ‘natural’.

Sin embargo, la vuelta a la agricultura orgánica a gran escala es una tarea muy lenta, casi un imposible. La gran cantidad de población existente en la actualidad exige una producción demasiado alta, y la agricultura industrial de nuestros días no está en condiciones de prescindir de fertilizantes químicos y plaguicidas, aunque sií puede usar los que causen un menor daño al medio ambiente.

Además, la falta de respeto con que se ha tratado a la naturaleza durante todo un siglo no permite hacer ‘borrón y cuenta nueva’, pues todos los residuos químicos presentes en los suelos seguirán contaminando la tierra durante un buen número de años.

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El cultivo biológico

Si a gran escala la sociedad no está todavía preparada para devolver a la naturaleza lo que se le ha quitado, lo cierto es que la batalla no se puede dar por perdida. Cualquier cambio social debe, por fuerza, ser un cambio individual. De hecho, en la escala reducida de un jardín, el cultivo orgánico es totalmente posible, ecológicamente perfecto, gratificante, y brinda al aficionado la oportunidad de gozar de nuevo de los sabores originales de los alimentos, evitando muchos de los inconvenientes de los productos obtenidos industrialmente.

El huerto orgánico pude quedar perfectamente integrado en un jardín de tipo silvestre, pero éste también debe tratarse de manera biológica para evitar los efectos de la contaminación sobre las hortalizas. El cultivo biológico debe formar parte de un concepto global de respeto hacia la naturaleza y sus procesos, que incluya todo el entorno que rodea a las personas y su vivienda.

Si deseas ser un jardinero orgánico, sírvete de la naturaleza siempre que te sea posible, pero sin abusar; y utiliza fertilizantes y métodos naturales de control de plagas, incorporando al jardín grandes cantidades de materia vegetal descompuesta. Para ello, debe contar con un depósito para la fabricación de abono.

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El ecosistema, un engranaje perfecto.

El huerto o el jardín propio es una pequeña porción de la naturaleza que nosotros hemos delimitado y en el cual dirigimos en gran medida los procesos que tienen lugar; pero no por ello deja de ser una parte del mundo natural.

El suelo (sustrato físico que sustenta todo el sistema) es una mezcla del mundo orgánico y del inorgánico.

Las bacterias y otros microorganismos lo descomponen y desmenuzan, produciendo pequeñas cantidades de materia orgánica que aprovechan otros organismos de mayor tamaño, como gusanos, insectos, etc.

Las plantas, a su vez, utilizan los elementos químicos de este sustrato para producir materia vegetal y, al mismo tiempo, cuando mueren ( o pierden las hojas), esos elementos químicos vuelven al suelo transformados en compuestos orgánicos que sirven de alimento a los microorganismos. Éstos, junto con las plantas, son también alimento de animales como topos, pájaros, lombrices, caracoles, etc.

En un ecosistema natural todo ser vivo tiene un sentido y todo está en equilibrio. La energía y los elementos químicos pasan de unos organismos a otros y se transforman. Existe un perfecto equilibrio entre la cantidad de elementos químicos disponibles para las plantas y la de los compuestos orgánicos para los microorganismos. Por ello, el hortelano ecológico no utiliza plaguicidas ni fertilizantes químicos que transforman los campos de cultivo en lugares casi desprovistos de vida.

 

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