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Curiosos semilleros para nuestros cultivos


Mientras nuestro huerto descansa y reposa para continuar con los cultivos de invierno os traemos como curiosidad lo que encontramos hace unos días: una forma curiosa de semilleros para sembrar nuestros cultivos dando un nuevo uso a los desechos que se producen a diario en nuestra casa, como lo son los envases de yogur, los paquetes de leche, botellas e incluso...¡¡Las cáscaras de huevo!!

Curiosos semilleros para nuestros cultivos

La verdad que cualquier tipo de envase es bueno a la hora de sembrar nuestras hortalizas, una forma sencilla y económica de cultivar cuando todavía son pequeñas y frágiles, reutilizando numerosos desechos cotidianos de nuestros hogares.

Los envases de yogur por ejemplo, son perfectos para cultivar cualquier tipo de hortaliza desde semilla, trasplantando la nueva planta a su maceta o mesa de cultivo correspondiente. Basta con agujerear la base del yogur para drenar el agua sobrante y rellenarlo de sustrato, para posteriormente incorporar una o dos semillas de la hortaliza deseada y dedicarle la atención necesaria antes de pasarla a su lugar definitivo.

Los cartones de leche, zumo, etc.  también nos pueden servir como alternativa a los semilleros convencionales. Normalmente se emplean estos envases para cultivos más grandes como puedan ser las calabazas, calabacines, melones o sandías.  Tan sólo habrá que cortarlos y utilizar la base de cada envase para cultivar desde semilla cualquiera de estos cultivos, previamente agujereando la base para evitar que se encharque y pudra nuestra querida planta.

Las botellas de plástico también nos pueden servir como semillero, sin embargo estos últimos sobretodo los de plástico trasparente tienen un problema, y es que las raíces no soportan la luz, por lo que habrá que tapar o pintar los envases trasparentes para que las raíces se desarrollen adecuadamente.

Pero sin lugar a dudas, el más extraño de estos curioso semilleros son las cáscaras de huevo. Para poder emplearlas como semilleros habrá que abrirlos delicadamente por la parte superior para emplear el huevo para tortillas o para los ricos huevos fritos.  Una vez abiertos hay que hervir las cáscaras sin que se rompan y agujerearlas por la base con un punzón. Para ello se requiere manos de cirujano, pues estos frágiles semilleros se rompen con cierta facilidad. Por último se rellenan de sustrato y se disponen las semillas en su interior con pinzas. Como veis no es nada sencillo, pero tiene la ventaja que si todo a salido bien, se puede enterrar el curioso semillero directamente sin sacar a la planta en su lugar definitivo, tan sólo abra que romperla un poco para favorecer que las raíces salgan, ya que la cáscara de huevo es completamente biodegradable y pasará a formar parte del sustrato proporcionando calcio al suelo.

 

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