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Tierras para semilleros


Para una buena germinación de las semillas se precisa de tres factores: Oxígeno, humedad y temperatura. Cuando uno de estos factores no es el adecuado, la germinación de la semilla es deficiente e irregular.

Tierras para semilleros

Al hacer un semillero hay que vigilar si el suelo está suficientemente aireado, si el contenido de humedad del mismo es el adecuado y si el suelo está frío o excesivamente caliente.

También hay que diferenciar entre un semillero realizado al aire libre y el que se hace bajo cubierta, pues las condiciones en ambos son distintas.

Los mejores resultados se consiguen en los semilleros que se utiliza un medio adecuado conocido con el nombre de substrato. El empleo de substrato se hace porque los suelos normales no reúnen condiciones idóneas para la germinación de la semilla, y con él conseguimos reunir estas condiciones óptimas. Se pueden diferenciar dos tipos básicos de substratos: los de semillero (utilizados para la germinación de la semilla) y los de trasplante (en los cuales se van a desarrollar y crecer las plantas).

Antiguamente, los jardineros experimentados poseían numerosas fórmulas de substrato, y cada cultivo tenía su substrato propio. Actualmente, las cosas son más sencillas, ya que con dos tipos de substrato tenemos cubiertas todas las necesidades. En ambos casos, los elementos básicos son los mismos; en el caso de substrato para trasplante, necesita enriquecerse con más abono mineral que el substrato de semillero (ya que las semillas durante la germinación precisan de pocos elementos, pues sólo utilizan sus reservas). Un elemento básico es la tierra de jardín (que debe ser franca), en la cual los elementos: arcilla, arena, caliza y humus deben estar en proporciones equilibradas. Esta tierra franca de jardín se consigue después de muchos años de mejora de la tierra de origen

Si se dispone de esta calidad de tierra, es posible realizar nosotros mismos los substratos necesarios para el semillero y el trasplante, haciendo las mezclas consiguientes:

Substrato para semillero:

– 2 partes de buena tierra de jardín.

– 1 parte de turba o fibra de coco.

– 1 parte de arena.

Para 100 litros de mezcla, añadir 120 gramos de superfosfato de cal y 60 gramos de caliza. En zonas con suelos muy calizos, suprimir la caliza de la mezcla.

Substrato para repicado:

– 7 partes de buena tierra de jardín.

– 3 partes de turba o fibra de coco.

– 1 parte de arena.

Para 100 litros de mezcla, añadir 60 gramos de caliza y una, dos o tres veces 350 gramos de fertilizantes base (según la riqueza de la mezcla a obtener, en función de las necesidades de la planta a cultivar). El fertilizante base se puede considerar un abonado complejo mineral en que el nitrógeno, fósforo o la potasa estén en la misma proporción (1:1:1) El abono 15:15:15, frecuente y fácil de adquirir, puede servir de ejemplo.

Cuando la tierra de nuestro jardín no es muy adecuada, debemos encontrarla para formar el substrato. 

El estado de humedad de los substratos es importante, tanto en los semilleros como para los trasplantes.

Para los substratos a base de tierra, la humedad es la conveniente cuando tomando un puñado de la mezcla y apretando el puño, la tierra se divide o se desmenuza en elementos al momento de abrir la mano. Si se desmenuza, es demasiado seca; por el contrario, si la tierra queda con la forma de la mano, ésta es demasiado húmeda.

Los substratos de turba son demasiado húmedos si el agua sale entre los dedos cuando se aprieta fuertemente un puñado del substrato. La fibra de coco presenta los mismos problemas que la turba ya que su porosidad y constitución no retienen exceso de agua.

 

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