Iguanas en casa


La iguana, con su aspecto exótico de animal prehistórico, puede llegar a ser, con paciencia, una mascota ‘sociable’. Eso sí, hay que cuidarla con esmero y proporcionarle un hábitat a su medida.

Iguana joven

Al igual que sus antepasados los dinosaurios, la iguana es un animal de sangre fría, es decir, necesita recibir calor externo. Procede de las selvas tropicales que se extienden desde el sur de México hasta Brasil, que se caracterizan por la elevada temperatura y humedad ambiental. Así pues, su entorno deberá ser lo más parecido posible a su hábitat original. Mantenerla exige responsabilidad, ya que requiere más tiempo y dinero que otras mascotas más comunes.

La iguana verde, de nombre científico Iguana iguana, puede llegar a alcanzar los 15 kilos de peso, y hasta dos metros de largo, de los cuales 1,30 corresponden a la cola. Es muy ágil y pasa la mayor parte del tiempo desplazándose entre las ramas de los árboles. Por eso sus patas son fuertes y terminan en dedos finos y largos, provistos de uñas. Su verde piel —que le permite pasar desapercibida en su hábitat natural— está cubierta de pequeñas escamas, y una cresta recorre su dorso desde la cabeza hasta la cola. Bajo la mandíbula inferior presenta un gran repliegue a modo de papada. Cuando son pequeñas es difícil definir su sexo, pero una vez que alcanzan la madurez sexual —a los 16 meses de edad, aproximadamente— se distinguen perfectamente: los machos son más largos, tienen la mandíbula más ancha y la cresta dorsal más desarrollada. Estos reptiles difícilmente se reproducen en cautividad y se consideran adultos a los 18 meses, cuando han alcanzado al menos los 21 centímetros de longitud.

Un reptil ‘sociable’. Las iguanas jóvenes son solitarias y muy huidizas e incluso pegan coletazos y muerden, pero con paciencia se las puede acostumbrar a la presencia humana. Para domesticarla hay que sacarla del terrario y sujetarla, con la mano cerrada, al tiempo que se le acaricia todo el cuerpo con suavidad. Al rato, cuando cierre los ojos, se puede abrir la mano y seguir acariciándola. Otra opción es colocarla en una jaula cerca de uno para que se acostumbre a la presencia humana. Hay que repetir estos ejercicios durante no más de una hora, por lo menos dos o tres veces por semana, hasta que sea capaz de permanecer a unos metros, sin estar atada, bajo una lámpara que le dé calor. En un año y medio, la mascota se acostumbrará a la mano del hombre. Aunque conviene sacarlas de vez en cuando, las iguanas pasan la mayor parte del tiempo en el terrario.

Iguana adulta

La amplitud, buena ventilación y facilidad de limpieza son claves. Para una iguana pequeña es suficiente con 70 centímetros de alto por 70 centímetros de largo, y unos 30 centímetros de fondo, pero cuando crezca habrá que adquirir uno mayor. El sustrato, que se debe cambiar o lavar al menos una vez por semana, puede ser de varios tipos: arena, gravilla de peceras, papel de periódico, cortezas comerciales… Lo importante es que sea fácil de limpiar, inocuo, inodoro y absorbente. A las iguanas les encanta escalar, por lo que se deben colocar en el interior ramas gruesas bien sujetas. La temperatura del terrario debe oscilar entre los 25 y los 35 grados durante el día y bajar a 20 grados por la noche. Para ello hay que colocar una fuente de calor, que normalmente da también luz, dotada de un termostato. Es importante protegerla con una rejilla para que el animal no se queme, ya que se acercará todo lo que pueda a ella. Un recipiente con agua dará humedad al ambiente y le servirá de bañera. También necesita recibir rayos UVA para fijar el calcio, así que hay que facilitarle la recepción de luz solar una media hora al día, y colocar en el terrario un tubo fluorescente especial.

 

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Comentarios

  1. Jose, 18 Noviembre, 2012
    1

    Muy buen post, me gusto eso de que las iguanas son sociales.

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