El que un perro no muerda es una de las enseñanzas elementales y más importantes que debes enseñar a tu perro. Tu perro ha de aprender, desde bien pequeño, que sus dientes pueden hacer daño, que duele cuando muerde, y que debe aprender a controlar o inhibir su mordisco.

Mi perro muerde

Un  perro nunca debería morder. Ya que si un perro no controla su mordida es potencialmente peligroso, pues a la hora de morder puede causar lesiones que van desde hematomas o raspones, hasta heridas que pueden resultar serias.

Si alguna vez has visto dos perros jugando entre sí, una de las primeras cosas que llaman la atención es que tienen una manera de jugar bastante brusca. De hecho muchas personas confunden el juego con peleas. Dos perros que están jugando se empujan, se gruñen, y se muerden, en un ritual muy parecido al de una pelea. Pudiendo hacerse daño de verdad, aunque eso ocurre en raras ocasiones.

Sin embargo cuando un perro juega con un humano, es muy probable ver también este comportamiento. El juego es muy divertido para el perro, quien corre, ladra, gruñe, rasguña, y muerde, siempre como parte del juego, al humano. Por eso hay que tener una serie de conocimientos sobre el comportamiento de los perros.

Durante el juego, cuando un perro muerde a otro y le causa dolor, el perro que se siente agredido tiene varias maneras de informar al “agresor” un claro mensaje de: Oye, eso sí que me dolió. Este comportamiento se observa principalmente entre cachorros que juegan entre sí, donde el perro agredido emite un chillido agudo indicando su dolor. Inmediatamente, el perro “agresor” dejará de morder, pues se acaba de dar cuenta que con la presión ejercida de sus mandíbulas, causó dolor a su compañero. Este comportamiento suele repetirse a lo largo del juego, y va condicionando a los cachorros a no morder más allá del límite de dolor de su compañero.

Cuando un perro nos muerda, lo que mejor funciona es aprender e imitar sus comportamientos. Muchas veces el mensaje que queremos enviar es muy distinto del mensaje que tu perro recibe, como gritarle ¡Suelta!, ¡No me muerdas!, empujarle o en casos extremos golpear al perro, pues esto al perro no le significa nada. La próxima vez que tu perro muerda, ¡chilla! Chilla como chilla él cuando algo realmente le duele, un chillido agudo. Si lo haces bien, verás como él rápidamente te soltará. En ese instante, felicítalo y continúa jugando. Si te vuelve a morder, vuelve a chillar, y vuelve a felicitarlo cuando deje de hacerlo. Es la manera más fácil de enseñar al perro donde está el límite.

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