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Plagas y enfermedades de los árboles


La lista de parásitos que pueden atacar a los árboles ornamentales es larga. Felizmente, no hay más que una pequeña cantidad verdaderamente peligrosa y las afecciones temibles, como la enfermedad de los olmos (grafiosis) son la excepción.

Plagas y enfermedades de los árboles

Uno de los principales azotes de las plantaciones ornamentales es la Armillariella mellea, hongo parásito que puede causar serios daños en las plantaciones antiguas, donde existe una elevada proporción de árboles débiles y deteriorados. Es menos común en los pequeños jardines, salvo en suelos húmedos o en la proximidad a zonas taladas recientemente. El fuego bacteriano o “fire blight”, que hizo su aparición en Gran Bretaña en 1957, pero casi desconocido en España, es una enfermedad temible de las Rosáceas (Pyrus, Cotoneaster, Sorbus, etc.), provocando muchas veces la muerte.

Entre los insectos, los pulgones, que pican los brotes jóvenes y las hojas, y las cochinillas ocasionan importantes estragos en árboles mayores cuando se encuentran en cantidad; producen una melaza a veces abundante en la que puede desarrollarse un hongo pulverulento negruzco (negrilla) que disminuye el valor decorativo de los árboles. Los olmos, especialmente en el Mediodía, son atacados a veces por un insecto cuyas larvas devoran el parénquima de las hojas, dejando subsistir solamente a los nervios. El aficionado, felizmente, dispone de una gama muy extensa de tratamientos fungicidas o insecticidas que puede utilizar cuando las circunstancias lo exijan y después de haber recibido el consejo de personas competentes, como los agentes del Servicio de Extensión Agraria por ejemplo.

Las dimensiones de los árboles a veces se oponen a la aplicación de tratamientos que son necesarios.

Otras alteraciones tales como las enfermedades de carencia, debidas a las deficiencias del suelo, la clorosis causada por un exceso de cal, los ataques del frío o quemaduras ocasionadas por el sol, pueden revestir la apariencia de enfermedades parasitarias; teniendo que decidir el tratamiento a llevar a cabo, primero es conveniente determinar la naturaleza del daño. Aparte del Servicio de Extensión Agraria, los funcionarios calificados del Servicio de Investigación Agronómica, de institutos agrícolas, de los servicios hortícolas de las grandes ciudades y los técnicos de los principales viveros pueden ayudar a los aficionados a determinar las enfermedades y parásitos y aconsejarlos en la elección de los tratamientos. Uno de los mejores medios de mantener el jardín en buen estado es la higiene, suprimiendo las ramas muertas, enfermas o dañadas y el tratamiento y cicatrización de las heridas. Con estos cuidados los árboles son capaces de resistir en las mejores condiciones a los ataques de los parásitos.

 

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