Jardines y árboles singulares » La leyenda del Baobab

El árbol del libro de Antoine de Saint-Exupéry, el baobab, no es solo famoso por tener protagonismo en la obra de “El Principito”, sino también porque sobre él se han creado interesantes leyendas ancestrales.

El baobab es un árbol de grandes dimensiones y de origen tropical, que los africanos han denominado “árbol mágico” o “árbol de la vida”.
Es un árbol muy longevo, se dice que en África se han encontrado especies de más de 5.000 años de antigüedad, tiempo suficiente para que se hayan propagado diferentes leyendas relacionadas con él.

Según cuenta la leyenda, la peculiar forma de los baobab se debe a que los dioses, hartos de la actitud presumida y altiva de este árbol, decidieron castigarlo dándole la vuelta, para que las raíces crecieran hacia arriba.

Todos los seres consideraban al baobab como el árbol más hermoso de la Tierra, lo adoraban y le rendían tributo. Incluso los dioses llegaron a sentir esa gran admiración por el baobab, de tal forma que decidieron otorgarle una larga vida como muestra de su respeto y admiración, para que así todos pudieran seguir disfrutando de su belleza durante mucho tiempo.

Con el paso de los años, los baobabs siguieron creciendo altos, fuertes y resistentes, proclamando su belleza, orgullosos, seguros de sí mismos, sabiendo que eran el centro de todas las miradas. Crecían tanto que sus ramas se iban extendiendo a lo largo y ancho del bosque, tapando a los demás árboles e impidiendo que les llegara la luz del sol. Tal era su extensión que crearon un paisaje desolador, frío y oscuro, donde el sol no podía acceder.

Pero el baobab seguía creciendo, sintiéndose poderoso y superior a todos los seres que habitaban en la tierra. Se creían tan poderosos e indestructibles que incluso se atrevieron a retar a los dioses y les amenazaron con seguir creciendo sin descanso, hasta que consiguieran ponerse a su altura.
Sin embargo, los dioses, al comprobar el descaro, el orgullo y la soberbia de los baobas, se ofendieron y desataron toda su ira.

Los dioses se habían enfadado y no iban a permitir que nadie les faltara el respeto. Así que tomaron la decisión de darle una importante lección al baobab. Esos árboles habían sido bendecidos por los dioses, y no solo no lo habían sabido agradecer, sino que se habían dejado llevar por la vanidad, y ahora lo iban a pagar caro.
Los baobabs fueron condenados por los dioses a crecer boca abajo, teniendo que vivir con sus flores bajo tierra y sus raíces hacia arriba, lo que explicaría su peculiar aspecto.

Se dice que los baobabs han asumido su destino y que dejan que sus raíces sigan creciendo hacia arriba, suplicando el perdón de los dioses.

Esta leyenda transmite el mensaje de las consecuencias que puede tener un exceso de vanidad y por ello es tradicional que algunos pueblos lo cuenten a los niños, para enseñarles a tener una actitud humilde, y no pecar de soberbia, para que no les ocurra lo mismo que al baobab.

Otra versión de este leyenda es que el castigo proporcionado por los dioses no fue como cura de humildad, sino porque se sentían celosos ante la belleza de este árbol, que conseguía despertar la admiración de todos los seres, algo que los dioses entendían que solo ellos merecían.

También existe otra leyenda que dice que el baobab fue condenado a vivir boca abajo, por los celos que tenía una diosa enamorada. Al parecer, el baobab se desplazaba por la sabana africana, persiguiendo a la jirafa de la que estaba enamorado. Pero una diosa celosa, que amaba al baobab, le obligó a vivir al revés para que no pudiera salir tras la jirafa. A pesar de tener las raíces hacía arriba y no poder alimentarse de la tierra, el baobab siguió creciendo fuerte y resistente, como lo era su amor hacia la jirafa.

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